La psicología en el pádel

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A nadie se le escapa ya a estas alturas la importancia de la fortaleza mental para conseguir éxitos en cualquier deporte. La mente también se entrena y es imprescindible para poder superar las trabas que aparecen siempre durante los partidos. Para poder rendir al cien por cien deportivamente, debemos tener una actitud positiva, en estado de alerta, muy metido en el partido y con una presión positiva, pero además, hemos de estar cómodos. Este estado ideal, no es fácil del alcanzar y mucho menos de mantener, pero lo mejor del asunto es que, en el pádel, no basta con conseguir este autocontrol, además hemos de trabajar para que nuestro compañero también lo consiga, como él hará a su vez por nosotros.

Pérdida de confianza.

Es normal perder la confianza durante un partido, a todo el mundo nos pasa, incluso a los profesionales. Ha de tomarse como algo natural, lo importante es saber cómo salir de esta situación tan habitual. Estoy atrapado, no me entra nada, no es mi día…. cosas así se escuchan siempre, es normal, fallamos tres bolas seguidas y nos entran dudas, o nos hemos sobreexcitado y nos precipitamos, o estamos con poca tensión, o, o, o, o… da igual, el caso es que no estamos agusto, así que nuestros gestos no son los de siempre, porque estamos un poco agarrotados y los gestos no van fluidos. Bueno, aquí está el meollo de la cuestión: ya que estas situaciones siempre se darán, hay que aprender a salir de ellas.

Cada uno tendrá que encontrar su método, pero ahí van unos ejemplos y soluciones muy comunes, no me entra el saque.

Estás demasiado relajado y esa falta de tensión hace que estés despistado, prueba a no parar ni un solo instante de moverte, incluso en posición de espera, la misión es la de subir pulsaciones.

También se da a la inversa, estamos demasiado revolucionados, concéntrate en la respiración para bajar pulsaciones, otras veces podemos desahogarnos con un grito o un remate no demasiado lógico, pero si nos ayuda a salir de ese punto de nervios, bienvenido y, la manera más habitual de salir de esta situación es jugar más seguro de lo normal, hasta que, a base de aciertos, vuelva la confianza sin apenas darnos cuenta.

La responsabilidad pesa.

En los deportes de equipo con más integrantes, como el fútbol, el volleyball, el baloncesto, etc, la responsabilidad se reparte entre varias personas, por lo que es más fácil gestionar esa presión individual. Uno puede desaparecer un rato y no es el fin del mundo. En el otro extremo están los deportes individuales en los que sólo nos tenemos que controlar a nosotros mismos, pero tomarnos un respiro o descentrarnos resulta catastrófico.

Demasiados tiempos muertos para pensar.

En este deporte, el juego se ve interrumpido constantemente y comenzamos el punto conociendo el resultado lo que supone mucho tiempo para pensar y bastante presión.

Las famosas ‘manías’ de Rafa Nadal de colocar las botellas con la etiqueta en la misma dirección, saltar las rayas, etc, etc, son rutinas para estar ocupado; el tiempo que estás ocupado, no estás preocupado.

El pádel tiene esa dificultad añadida, tiene lo peor del deporte individual y no tiene las bondades de los deportes de equipo. Esto debe ser tomado como un reto, un gran reto del que sólo los grandes salen triunfadores.

Conocerse a uno mismo.

Lo primero de todo es conocerse a uno mismo, todos los deportistas de élite son conocedores de sus virtudes y carencias. Por poner un ejemplo que mucha gente conocerá, Guardiola era un chico no muy dotado físicamente, no era rápido y estaba muy poco musculado, es decir, pesaba muy poco, bueno, esas eran sus carencias, él lo sabía, entre otras cosas porque los entrenadores de su época infantil se lo hicieron saber con estas palabras: Chaval, ten pensado a quién se la vas a dar en cuanto te llegue porque tú no puedes disputar un balón al choque ni puedes resolverlo con tu velocidad. El espigado chico fue desarrollando una capacidad de concentración máxima para saber en todo momento la disposición de todos los jugadores sobre el terreno de juego y, unido a sus otros talentos como la capacidad técnica el buen fondo físico y una agilidad mental y analítica para entender cómo dirigir a su equipo, acabaron por convertirle en uno de los mejores jugadores de nuestro país.

Esa debe ser nuestra primera y principal misión, para ello podemos ayudarnos de un profesional, esto es lo ideal claro, o realizar un análisis propio, aunque es muy complicado, o escuchar a nuestros amigos o compañeros de pádel con la mente abierta, tranquilos que el cerebro no se escapa. A partir de ahí, debemos potenciar nuestras virtudes y buscar la manera de minimizar nuestras carencias.

La psicología determinará nuestra actitud en la pista. Pondré unos cuantos ejemplos de virtudes y carencias significativas que se ven en el pádel. Intenta localizar las que se pueden ajustar a ti o a tu compañero para empezar a trabajar para corregir los errores y potenciar las virtudes.

Carencias:

Falta de autocontrol, generalmente de la mano de la falta de educación. No ser capaz de controlarse e increpar al compañero o poner una carita ante el fallo de nuestro compañero. No asumir los errores propios y peor aún culpar a los elementos o al compañero, Falta de atención, despistes. Incapacidad de dominar la ira tras un fallo, Exceso de ansiedad, Exceso de indolencia, Falta de solidaridad, Falta de empatía, Pesimismo, Incapacidad para hacer una buena lectura del partido, Falta de atrevimiento para cambiar si las cosas no van bien, soberbia, etc, etc…

Virtudes:

Empatía, Generosidad, Solidaridad, Animosidad, Optimismo, Autocontrol, Paciencia, Templanza, Concentración, Entrega, Capacidad de sufrimiento, capacidad de abstracción, sensatez, iniciativa, humildad, capacidad analítica, etc, etc…

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